{"id":2690,"date":"2011-11-08T16:46:00","date_gmt":"2011-11-08T16:46:00","guid":{"rendered":"http:\/\/liebrelunar.com\/site\/?p=2690"},"modified":"2014-05-06T22:35:12","modified_gmt":"2014-05-06T22:35:12","slug":"cartas-a-una-senorita-en-paris","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/liebrelunar.com\/site\/cartas-a-una-senorita-en-paris\/","title":{"rendered":"Cartas a una se\u00f1orita en Par\u00eds"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\"><a href=\"http:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2011\/11\/conejos.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-2742\" title=\"conejos\" alt=\"\" src=\"http:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2011\/11\/conejos-300x258.jpg\" width=\"300\" height=\"258\" srcset=\"https:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2011\/11\/conejos-300x258.jpg 300w, https:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2011\/11\/conejos-100x86.jpg 100w, https:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2011\/11\/conejos-162x140.jpg 162w, https:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2011\/11\/conejos-261x225.jpg 261w, https:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-content\/uploads\/2011\/11\/conejos.jpg 458w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Andr\u00e9e, yo no quer\u00eda venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha. No tanto por los conejitos, m\u00e1s bien porque me duele ingresar en un orden cerrado, construido ya hasta en las m\u00e1s finas mallas del aire, esas que en su casa preservan la m\u00fasica de la lavanda, el aletear de un cisne con polvos, el juego del viol\u00edn y la viola en el cuarteto de Rar\u00e1. Me es amargo entrar en un \u00e1mbito donde alguien que vive bellamente lo ha dispuesto todo como una reiteraci\u00f3n visible de su alma, aqu\u00ed los libros (de un lado en espa\u00f1ol, del otro en franc\u00e9s e ingl\u00e9s), all\u00ed los almohadones verdes, en este preciso sitio de la mesita el cenicero de cristal que parece el corte de una pompa de jab\u00f3n, y siempre un perfume, un sonido, un crecer de plantas, una fotograf\u00eda del amigo muerto, ritual de bandejas con t\u00e9 y tenacillas de az\u00facar&#8230; Ah, querida Andr\u00e9e, qu\u00e9 dif\u00edcil oponerse, aun acept\u00e1ndolo con entera sumisi\u00f3n del propio ser, al orden minucioso que una mujer instaura en su liviana residencia. Cu\u00e1n culpable tomar una tacita de metal y ponerla al otro extremo de la mesa, ponerla all\u00ed simplemente porque uno ha tra\u00eddo sus diccionarios ingleses y es de este lado, al alcance de la mano, donde habr\u00e1n de estar. Mover esa tacita vale por un horrible rojo inesperado en medio de una modulaci\u00f3n de Ozenfant, como si de golpe las cuerdas de todos los contrabajos se rompieran al mismo tiempo con el mismo espantoso chicotazo en el instante m\u00e1s callado de una sinfon\u00eda de Mozart. Mover esa tacita altera el juego de relaciones de toda la casa, de cada objeto con otro, de cada momento de su alma con el alma entera de la casa y su habitante lejana. Y yo no puedo acercar los dedos a un libro, ce\u00f1ir apenas el cono de luz de una l\u00e1mpara, destapar la caja de m\u00fasica, sin que un sentimiento de ultraje y desafio me pase por los ojos como un bando de gorriones.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Usted sabe por qu\u00e9 vine a su casa, a su quieto sal\u00f3n solicitado de mediod\u00eda. Todo parece tan natural, como siempre que no se sabe la verdad. Usted se ha ido a Par\u00eds, yo me qued\u00e9 con el departamento de la calle Suipacha, elaboramos un simple y satisfactorio plan de mutua convivencia hasta que septiembre la traiga de nuevo a Buenos Aires y me lance a m\u00ed a alguna otra casa donde quiz\u00e1&#8230; Pero no le escribo por eso, esta carta se la env\u00edo a causa de los conejitos, me parece justo enterarla; y porque me gusta escribir cartas, y tal vez porque llueve.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Me mud\u00e9 el jueves pasado, a las cinco de la tarde, entre niebla y hast\u00edo. He cerrado tantas maletas en mi vida, me he pasado tantas horas haciendo equipajes que no llevaban a ninguna parte, que el jueves fue un d\u00eda lleno de sombras y correas, porque cuando yo veo las correas de las valijas es como si viera sombras, elementos de un l\u00e1tigo que me azota indirectamente, de la manera m\u00e1s sutil y m\u00e1s horrible. Pero hice las maletas, avis\u00e9 a la mucama que vendr\u00eda a instalarme, y sub\u00ed en el ascensor. Justo entre el primero y segundo piso sent\u00ed que iba a vomitar un conejito. Nunca se lo hab\u00eda explicado antes, no crea que por deslealtad, pero naturalmente uno no va a ponerse a explicarle a la gente que de cuando en cuando vomita un conejito. Como siempre me ha sucedido estando a solas, guardaba el hecho igual que se guardan tantas constancias de lo que acaece (o hace uno acaecer) en la privac\u00eda total. No me lo reproche, Andr\u00e9e, no me lo reproche. De cuando en cuando me ocurre vomitar un conejito. No es raz\u00f3n para no vivir en cualquier casa, no es raz\u00f3n para que uno tenga que avergonzarse y estar aislado y andar call\u00e1ndose.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Cuando siento que voy a vomitar un conejito me pongo dos dedos en la boca como una pinza abierta, y espero a sentir en la garganta la pelusa tibia que sube como una efervescencia de sal de frutas. Todo es veloz e higi\u00e9nico, transcurre en un brev\u00edsimo instante. Saco los dedos de la boca, y en ellos traigo sujeto por las orejas a un conejito blanco. El conejito parece contento, es un conejito normal y perfecto, s\u00f3lo que muy peque\u00f1o, peque\u00f1o como un conejilo de chocolate pero blanco y enteramente un conejito. Me lo pongo en la palma de la mano, le alzo la pelusa con una caricia de los dedos, el conejito parece satisfecho de haber nacido y bulle y pega el hocico contra mi piel, movi\u00e9ndolo con esa trituraci\u00f3n silenciosa y cosquilleante del hocico de un conejo contra la piel de una mano. Busca de comer y entonces yo (hablo de cuando esto ocurr\u00eda en mi casa de las afueras) lo saco conmigo al balc\u00f3n y lo pongo en la gran maceta donde crece el tr\u00e9bol que a prop\u00f3sito he sembrado. El conejito alza del todo sus orejas, envuelve un tr\u00e9bol tierno con un veloz molinete del hocico, y yo s\u00e9 que puedo dejarlo e irme, continuar por un tiempo una vida no distinta a la de tantos que compran sus conejos en las granjas.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Entre el primero y segundo piso, Andr\u00e9e, como un anuncio de lo que ser\u00eda mi vida en su casa, supe que iba a vomitar un conejito. En seguida tuve miedo (\u00bfo era extra\u00f1eza? No, miedo de la misma extra\u00f1eza, acaso) porque antes de dejar mi casa, s\u00f3lo dos d\u00edas antes, hab\u00eda vomitado un conejito y estaba seguro por un mes, por cinco semanas, tal vez seis con un poco de suerte. Mire usted, yo ten\u00eda perfectamente resuelto el problema de los conejitos. Sembraba tr\u00e9bol en el balc\u00f3n de mi otra casa, vomitaba un conejito, lo pon\u00eda en el tr\u00e9bol y al cabo de un mes, cuando sospechaba que de un momento a otro&#8230; entonces regalaba el conejo ya crecido a la se\u00f1ora de Molina, que cre\u00eda en un\u00a0<em>hobby\u00a0<\/em>y se callaba. Ya en otra maceta ven\u00eda creciendo un tr\u00e9bol tierno y propicio, yo aguardaba sin preocupaci\u00f3n la ma\u00f1ana en que la cosquilla de una pelusa subiendo me cerraba la garganta, y el nuevo conejito repet\u00eda desde esa hora la vida y las costumbres del anterior. Las costumbres, Andr\u00e9e, son formas concretas del ritmo, son la cuota del ritmo que nos ayuda a vivir. No era tan terrible vomitar conejitos una vez que se hab\u00eda entrado en el ciclo invariable, en el m\u00e9todo. Usted querr\u00e1 saber por qu\u00e9 todo ese trabajo, por qu\u00e9 todo ese tr\u00e9bol y la se\u00f1ora de Molina. Hubiera sido preferible matar en seguida al conejito y&#8230; Ah, tendr\u00eda usted que vomitar tan s\u00f3lo uno, tomarlo con dos dedos y pon\u00e9rselo en la mano abierta, adherido a\u00fan a usted por el acto mismo, por el aura inefable de su proximidad apenas rota. Un mes distancia tanto; un mes es tama\u00f1o, largos pelos, saltos, ojos salvajes, diferencia absoluta Andr\u00e9e, un mes es un conejo, hace de veras a un conejo; pero el minuto inicial, cuando el copo tibio y bullente encubre una presencia inajenable&#8230; Como un poema en los primeros minutos, el fruto de una noche de Idumea: tan de uno que uno mismo&#8230; y despu\u00e9s tan no uno, tan aislado y distante en su llano mundo blanco tama\u00f1o carta.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Me decid\u00ed, con todo, a matar el conejito apenas naciera. Yo vivir\u00eda cuatro meses en su casa: cuatro -quiz\u00e1, con suerte, tres- cucharadas de alcohol en el hocico. (\u00bfSabe usted que la misericordia permite matar instant\u00e1neamente a un conejito d\u00e1ndole a beber una cucharada de alcohol? Su carne sabe luego mejor, dicen, aunque yo&#8230; Tres o cuatro cucharadas de alcohol, luego el cuarto de ba\u00f1o o un piquete sum\u00e1ndose a los desechos.)<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Al cruzar el tercer piso el conejito se mov\u00eda en mi mano abierta. Sara esperaba arriba, para ayudarme a entrar las valijas&#8230; \u00bfC\u00f3mo explicarle que un capricho, una tienda de animales? Envolv\u00ed el conejito en mi pa\u00f1uelo, lo puse en el bolsillo del sobretodo dejando el sobretodo suelto para no oprimirlo. Apenas se mov\u00eda. Su menuda conciencia deb\u00eda estarle revelando hechos importantes: que la vida es un movimiento hacia arriba con un clic final, y que es tambi\u00e9n un cielo bajo, blanco, envolvente y oliendo a lavanda, en el fondo de un pozo tibio.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Sara no vio nada, la fascinaba demasiado el arduo problema de ajustar su sentido del orden a mi valija-ropero, mis papeles y mi displicencia ante sus elaboradas explicaciones donde abunda la expresi\u00f3n \u00abpor ejemplo\u00bb. Apenas pude me encerr\u00e9 en el ba\u00f1o; matarlo ahora. Una fina zona de calor rodeaba el pa\u00f1uelo, el conejito era blanqu\u00edsimo y creo que m\u00e1s lindo que los otros. No me miraba, solamente bull\u00eda y estaba contento, lo que era el m\u00e1s horrible modo de mirarme. Lo encerr\u00e9 en el botiqu\u00edn vac\u00edo y me volv\u00ed para desempacar, desorientado pero no infeliz, no culpable, no jabon\u00e1ndome las manos para quitarles una \u00faltima convulsi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Comprend\u00ed que no pod\u00eda matarlo. Pero esa misma noche vomit\u00e9 un conejito negro. Y dos d\u00edas despu\u00e9s uno blanco. Y a la cuarta noche un conejito gris.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Usted ha de amar el bello armario de su dormitorio, con la gran puerta que se abre generosa, las tablas vac\u00edas a la espera de mi ropa. Ahora los tengo ah\u00ed. Ah\u00ed dentro. Verdad que parece imposible; ni Sara lo creer\u00eda. Porque Sara nada sospecha, y el que no sospeche nada procede de mi horrible tarea, una tarea que se lleva mis d\u00edas y mis noches en un solo golpe de rastrillo y me va calcinando por dentro y endureciendo como esa estrella de mar que ha puesto usted sobre la ba\u00f1era y que a cada ba\u00f1o parece llenarle a uno el cuerpo de sal y azotes de sol y grandes rumores de la profundidad.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">De d\u00eda duermen. Hay diez. De d\u00eda duermen. Con la puerta cerrada, el armario es una noche diurna solamente para ellos, all\u00ed duermen su noche con sosegada obediencia. Me llevo las llaves del dormitorio al partir a mi empleo. Sara debe creer que desconf\u00edo de su honradez y me mira dubitativa, se le ve todas las ma\u00f1anas que est\u00e1 por decirme algo, pero al final se calla y yo estoy tan contento. (Cuando arregla el dormitorio, de nueve a diez, hago ruido en el sal\u00f3n, pongo un disco de Benny Carter que ocupa toda la atm\u00f3sfera, y como Sara es tambi\u00e9n amiga de saetas y pasodobles, el armario parece silencioso y acaso lo est\u00e9, porque para los conejitos transcurre ya la noche y el descanso.)<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Su d\u00eda principia a esa hora que sigue a la cena, cuando Sara se lleva la bandeja con un menudo tintinear de tenacillas de az\u00facar, me desea buenas noches -s\u00ed, me las desea, Andr\u00e9e, lo m\u00e1s amargo es que me desea las buenas noches- y se encierra en su cuarto y de pronto estoy yo solo, solo con el armario condenado, solo con mi deber y mi tristeza.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Los dejo salir, lanzarse \u00e1giles al asalto del sal\u00f3n, oliendo vivaces el tr\u00e9bol que ocultaban mis bolsillos y ahora hace en la alfombra ef\u00edmeras puntillas que ellos alteran, remueven, acaban en un momento. Comen bien, callados y correctos, hasta ese instante nada tengo que decir, los miro solamente desde el sof\u00e1, con un libro in\u00fatil en la mano -yo que quer\u00eda leerme todos sus Giraudoux, Andr\u00e9e, y la historia argentina de L\u00f3pez que tiene usted en el anaquel m\u00e1s bajo-; y se comen el tr\u00e9bol.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Son diez. Casi todos blancos. Alzan la tibia cabeza hacia las l\u00e1mparas del sal\u00f3n, los tres soles inm\u00f3viles de su d\u00eda, ellos que aman la luz porque su noche no tiene luna ni estrellas ni faroles. Miran su triple sol y est\u00e1n contentos. As\u00ed es que saltan por la alfombra, a las sillas, diez manchas livianas se trasladan como una moviente constelaci\u00f3n de una parte a otra, mientras yo quisiera verlos quietos, verlos a mis pies y quietos -un poco el sue\u00f1o de todo dios, Andr\u00e9e, el sue\u00f1o nunca cumplido de los dioses-, no as\u00ed insinu\u00e1ndose detr\u00e1s del retrato de Miguel de Unamuno, en torno al jarr\u00f3n verde claro, por la negra cavidad del escritorio, siempre menos de diez, siempre seis u ocho y yo pregunt\u00e1ndome d\u00f3nde andar\u00e1n los dos que faltan, y si Sara se levantara por cualquier cosa, y la presidencia de Rivadavia que yo quer\u00eda leer en la historia de L\u00f3pez.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">No s\u00e9 c\u00f3mo resisto, Andr\u00e9e. Usted recuerda que vine a descansar a su casa. No es culpa m\u00eda si de cuando en cuando vomito un conejito, si esta mudanza me alter\u00f3 tambi\u00e9n por dentro -no es nominalismo, no es magia, solamente que las cosas no se pueden variar as\u00ed de pronto, a veces las cosas viran brutalmente y cuando usted esperaba la bofetada a la derecha-. As\u00ed, Andr\u00e9e, o de otro modo, pero siempre as\u00ed.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Le escribo de noche. Son las tres de la tarde, pero le escribo en la noche de ellos. De d\u00eda duermen \u00a1Qu\u00e9 alivio esta oficina cubierta de gritos, \u00f3rdenes, m\u00e1quinas Royal, vicepresidentes y mime\u00f3grafos! Qu\u00e9 alivio, qu\u00e9 paz, qu\u00e9 horror, Andr\u00e9e! Ahora me llaman por tel\u00e9fono, son los amigos que se inquietan por mis noches recoletas, es Luis que me invita a caminar o Jorge que me guarda un concierto. Casi no me atrevo a decirles que no, invento prolongadas e ineficaces historias de mala salud, de traducciones atrasadas, de evasi\u00f3n Y cuando regreso y subo en el ascensor ese tramo, entre el primero y segundo piso me formulo noche a noche irremediablemente la vana esperanza de que no sea verdad.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Hago lo que puedo para que no destrocen sus cosas. Han ro\u00eddo un poco los libros del anaquel m\u00e1s bajo, usted los encontrar\u00e1 disimulados para que Sara no se d\u00e9 cuenta. \u00bfQuer\u00eda usted mucho su l\u00e1mpara con el vientre de porcelana lleno de mariposas y caballeros antiguos? El trizado apenas se advierte, toda la noche trabaj\u00e9 con un cemento especial que me vendieron en una casa inglesa -usted sabe que las casas inglesas tienen los mejores cementos- y ahora me quedo al lado para que ninguno la alcance otra vez con las patas (es casi hermoso ver c\u00f3mo les gusta pararse, nostalgia de lo humano distante, quiz\u00e1 imitaci\u00f3n de su dios ambulando y mir\u00e1ndolos hosco; adem\u00e1s usted habr\u00e1 advertido -en su infancia, quiz\u00e1- que se puede dejar a un conejito en penitencia contra la pared, parado, las patitas apoyadas y muy quieto horas y horas).<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">A las cinco de la ma\u00f1ana (he dormido un poco, tirado en el sof\u00e1 verde y despert\u00e1ndome a cada carrera afelpada, a cada tintineo) los pongo en el armario y hago la limpieza. Por eso Sara encuentra todo bien aunque a veces le he visto alg\u00fan asombro contenido, un quedarse mirando un objeto, una leve decoloraci\u00f3n en la alfombra y de nuevo el deseo de preguntarme algo, pero yo silbando las variaciones sinf\u00f3nicas de Franck, de manera que nones. Para qu\u00e9 contarle, Andr\u00e9e, las minucias desventuradas de ese amanecer sordo y vegetal, en que camino entredormido levantando cabos de tr\u00e9bol, hojas sueltas, pelusas blancas, d\u00e1ndome contra los muebles, loco de sue\u00f1o, y mi Gide que se atrasa, Troyat que no he traducido, y mis respuestas a una se\u00f1ora lejana que estar\u00e1 pregunt\u00e1ndose ya si&#8230; para qu\u00e9 seguir todo esto, para qu\u00e9 seguir esta carta que escribo entre tel\u00e9fonos y entrevistas.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Andr\u00e9e, querida Andr\u00e9e, mi consuelo es que son diez y ya no m\u00e1s. Hace quince d\u00edas contuve en la palma de la mano un \u00faltimo conejito, despu\u00e9s nada, solamente los diez conmigo, su diurna noche y creciendo, ya feos y naci\u00e9ndoles el pelo largo, ya adolescentes y llenos de urgencias y caprichos, saltando sobre el busto de Antinoo (\u00bfes Antinoo, verdad, ese muchacho que mira ciegamente?) o perdi\u00e9ndose en el living, donde sus movimientos crean ruidos resonantes, tanto que de all\u00ed debo echarlos por miedo a que los oiga Sara y se me aparezca horripilada, tal vez en camis\u00f3n -porque Sara ha de ser as\u00ed, con camis\u00f3n- y entonces&#8230; Solamente diez, piense usted esa peque\u00f1a alegr\u00eda que tengo en medio de todo, la creciente calma con que franqueo de vuelta los r\u00edgidos cielos del primero y el segundo piso.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Interrump\u00ed esta carta porque deb\u00eda asistir a una tarea de comisiones. La contin\u00fao aqu\u00ed en su casa, Andr\u00e9e, bajo una sorda grisalla de amanecer. \u00bfEs de veras el d\u00eda siguiente, Andr\u00e9e? Un trozo en blanco de la p\u00e1gina ser\u00e1 para usted el intervalo, apenas el puente que une mi letra de ayer a mi letra de hoy. Decirle que en ese intervalo todo se ha roto, donde mira usted el puente f\u00e1cil oigo yo quebrarse la cintura furiosa del agua, para m\u00ed este lado del papel, este lado de mi carta no contin\u00faa la calma con que ven\u00eda yo escribi\u00e9ndole cuando la dej\u00e9 para asistir a una tarea de comisiones. En su c\u00fabica noche sin tristeza duermen once conejitos; acaso ahora mismo, pero no, no ahora. En el ascensor, luego, o al entrar; ya no importa d\u00f3nde, si el cu\u00e1ndo es ahora, si puede ser en cualquier ahora de los que me quedan.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"color: #000000;\">Basta ya, he escrito esto porque me importa probarle que no fui tan culpable en el destrozo insalvable de su casa. Dejar\u00e9 esta carta esper\u00e1ndola, ser\u00eda s\u00f3rdido que el correo se la entregara alguna clara ma\u00f1ana de Par\u00eds. Anoche di vuelta los libros del segundo estante, alcanzaban ya a ellos, par\u00e1ndose o saltando, royeron los lomos para afilarse los dientes -no por hambre, tienen todo el tr\u00e9bol que les compro y almaceno en los cajones del escritorio. Rompieron las cortinas, las telas de los sillones, el borde del autorretrato de Augusto Torres, llenaron de pelos la alfombra y tambi\u00e9n gritaron, estuvieron en c\u00edrculo bajo la luz de la l\u00e1mpara, en c\u00edrculo y como ador\u00e1ndome, y de pronto gritaban, gritaban como yo no creo que griten los conejos.<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-family: TimelessTLig; color: #000000;\">He querido en vano sacar los pelos que estropean la alfombra, alisar el borde de la tela ro\u00edda, encerrarlos de nuevo en el armario. El d\u00eda sube, tal vez Sara se levante pronto. Es casi extra\u00f1o que no me importe verlos brincar en busca de juguetes. No tuve tanta culpa, usted ver\u00e1 cuando llegue que muchos de los destrozos est\u00e1n bien reparados con el cemento que compr\u00e9 en una casa inglesa, yo hice lo que pude para evitarle un enojo&#8230; En cuanto a m\u00ed, del diez al once hay como un hueco insuperable. Usted ve: diez estaba bien, con un armario, tr\u00e9bol y esperanza, cu\u00e1ntas cosas pueden construirse. No ya con once, porque decir once es seguramente doce, Andr\u00e9e, doce que ser\u00e1n trece. Entonces est\u00e1 el amanecer y una fr\u00eda soledad en la que caben la alegr\u00eda, los recuerdos, usted y acaso tantos m\u00e1s. Est\u00e1 este balc\u00f3n sobre Suipacha lleno de alba, los primeros sonidos de la ciudad. No creo que les sea dif\u00edcil juntar once conejitos salpicados sobre los adoquines, tal vez ni se fijen en ellos, atareados con el otro cuerpo que conviene llevarse pronto, antes de que pasen los primeros colegiales.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Andr\u00e9e, yo no quer\u00eda venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha.<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"nf_dc_page":"","footnotes":""},"categories":[13],"tags":[],"class_list":["post-2690","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-historias"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2690","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2690"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2690\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4904,"href":"https:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2690\/revisions\/4904"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2690"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2690"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/liebrelunar.com\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2690"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}